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La morfina en mi sombra

«No me importa la guerra, tampoco tengo miedo de morir, cuento mis días como la gente libre lo hace, está mañana despertar fue realmente difícil, con la luz del sol causando esa incómoda sensación en mis ojos y el dolor que evita que los abras, recuerdo que me levanté de la cama y camine hacia la ventana donde pude ver un día más lo que sucedía afuera, me puse el abrigo y salí del departamento con la esperanza de existir un día más, camino con lentitud hacia el único parque de la ciudad, siempre me reúno aquí con mis amigos, cuando veo al primero de ellos le sonrio y me tomó asiento a su lado en la única banca en buen estado, el cielo tiene ese tono tan extraño que va desde soleado a ponerse nublado en un instante, mi amiga Sarah no tarda en llegar, hace frío a pesar del sol que aparece por momentos, no hay nadie más en las calles y es comprensible, anoche fue una de las peores noches de esta ciudad, con el sonido de las balas orquestado la muerte de muchas personas (la mayoría solo inocentes que tuvieron el infortunio de salir), no pude conciliar el sueño hasta que me tomé dos pastillas para dormir, solo así pude forzar a mi cerebro a apagarse y no prestar atención al caos y descontrol que adornó las calles toda la noche, admiramos la batalla de la noche anterior, algunos cuerpos aún están en las calles, no estoy seguro de si somos los únicos aquí, suspiro, nosotros nos rendimos hace tanto tiempo que el ver tantos cuerpos adornando las calles con sus estandartes de sangre no son la gran cosa, los días buenos terminaron hace tanto tiempo que ya perdí la cuenta, mi amigo Brennan nos menciona lo dispuesto que está a irse al vivir al extranjero, ¿cómo llegamos a esto?, una bailarina de ballet, un pintor, y yo… un escritor, ¿en qué momento nos perdimos en esta niebla tenebrosa?.»


El sol deja de aparecer, el cielo vuelve a cubrirse con ese característico color gris, mi amigo enciende un cigarrillo y el humo es inhalado por mis pulmones de forma accidental, aunque la sensación me hace sentir ligeramente más vivo que ayer. Entonces lo escuchamos, ese sonido tan estruendoso, nos miramos al mismo tiempo y mi cuerpo tiembla, creo que es el fin de todo, ese sonido siempre ha significado lo mismo desde que esto comenzo… siempre ha sido el proveedor de aniquilación, nos ponemos de pie sin dudarlo y comenzamos a correr, el sonido se hace más intenso y puedo sentir como mi corazón galopa con más fuerza, y entonces sucede, vemos la primera luz anaranjada brillando al sur de la ciudad, me llevo ambas manos al cabello admirando la explosión, tengo miedo, más miedo del que tuve ayer, mi amiga Sarah se lleva ambas manos a la boca tratando de contener un grito desgarrador, en cuanto a mi amigo Brennan él permanece con los puños apretados mientras observar como el fuego comienza a consumir el sur de la ciudad, pero no hay tiempo para admirar la vida que se extingue en esa zona, el sonido vuelve a hacerse más fuerte y casi me desmayo, porque suena en donde estamos, porque nuestro grito de batalla se extinguió hace años, Sarah comienza a correr y yo hago lo mismo, me detengo al ver que Brennan permanece estático, no se mueve y el sonido que anuncia el bombardeo taladra mi cabeza, llegó hasta él y lo sujeto del brazo.


—¡Tenemos que irnos ya! — le digo con miedo, Brennan me mira con ojos cansados.


—En este punto de la batalla ya es muy tarde, lo sabes muy bien Sheridan — responde con un temblor en la voz.


—Aun podemos huir, la alarma sigue sonando y aún queda algo de tiempo, Brennan tenemos que irnos — pero el niega con la cabeza.


—Se termino Sheridan, ya no hay más caminos, se termino para nosotros, no importa hasta donde corramos, la explosión nos alcanzará.


Intento correr pero la alarma deja de sonar y mi cuerpo entero tiembla ante eso, es tarde, volteo hacia Brennan quien derrama una lágrima de su ojo izquierdo y me sonríe, no quiero irme, no estoy listo para desaparecer, corro hacia Brennan y lo abrazó con toda mi fuerza, hemos estado juntos desde que tenemos cinco años y toda termina ahora, sollozo en su espalda y entonces el estruendo vuelve a aparecer, el calor comienza a aumentar mientras mi cuerpo lucha por aire, «te quiero» expreso en el oído de Brennan y es lo último que digo.


Comienzo a parpadear, mi cuerpo entero comienza a moverse, no noto la incómoda posición, el blanco de la habitación hiere mis ojos, intento levantarme de la cama pero no es posible, mi cuerpo está atado a la cama,  observo la habitación y veo al enfermero  tomando notas, no de nuevo.


—Brennan, ¿donde esta Brennan? — le pregunto al hombre con miedo.


—¿Brennan? — me pregunta con ironía — es la segunda vez que me mencionas ese nombre, ¿de dónde se conocen?.


—Somos amigos desde los cinco años — respondo tratando de safarme las correas, pero no es posible.


—Le diré al doctor David que ya has despertado, no se que te dio pero te dejo inconsciente por tres días — responde con una ligera risa.


Entonces todo comienza a volver a mí mente, todo, los recuerdos de como llegue aquí, el miedo en mi cuerpo que me hacía recordar que todo fue real, comienzo a llorar ante las imágenes, y entonces un grito escapa de mi garganta ante la página del periódico enmarcado en la habitación; «adolescente asesina a su familia durante cena navideña» una lagrima escapa de mi ojo derecho y siento miedo, recuerdo muy bien como llegue aquí, lo recuerdo bien porque yo soy de quien habla ese periódico, llevo dos años en este psiquiátrico, y cada fantasía producto de las drogas que me sumistran solo se encarga de hacerme experimentar en carne propia lo que ocasione.

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